Una investigación del doctor Scott Collier, de la Universidad Estatal de Appalachian (Estados Unidos), asegura que el ejercicio matutino reduce la presión sanguínea, prolonga el tiempo de sueño y mejora la calidad del mismo. Las conclusiones se extrajeron después de estudiar los efectos del deporte en personas que lo practicaban a las 7 de la mañana, antes de comer y sobre las 7 de la tarde.

Dice la sabiduría popular que el que algo quiere, algo le cuesta. Así que para probar las bondades de sudar la camiseta al alba hay que modificar hábitos y, por ejemplo, salir de la cama una hora antes. Quizá esto sea lo más difícil, pero no es imposible llevar a la práctica: “Cuando suena el despertador y nos toca entrenar, lo que tendría que venirnos a la mente es un vigoroso ‘¡buenos días!’. Conseguir esta sensación no es fácil, requiere de compromiso, paciencia y hábito deportivo”, cuenta Daniel Ruiz, entrenador personal y uno de los responsables del equipo Vital Trainer. Para este propósito recomienda algunas estrategias que lo harán más llevadero, incluso adictivo.