El primer y gran error que cometemos los corredores es la impaciencia. Queremos recuperarnos antes de tiempo, queremos volver a ver los resultados nada más empezar y eso nos lleva a cometer graves errores: se empiezan a hacer series muy pronto, se realizan rodajes largos antes de tiempo y a ritmos excesivamente elevados para ser el inicio de un nuevo ciclo o preparación, sin una base adecuada.

Evitando errores se llega a la forma física total. Negar el dolor provoca lesiones. Hay que parar con los primeros síntomas. Con los piques en los entrenamientos conseguimos más frustraciones que satisfacciones. Ir siempre al límite nos hace rendir menos en la competición. Hay que ser fríos y metódicos, y competir sólo con dorsal. Hay que evitar los excesos en la distancia, las sesiones de gran intensidad, los defectos de calentamiento, abusar de las carreras sobre superficies inadecuadas, el exceso de competiciones, la falta de recuperación y repetir erróneamente miles de veces una posición. Hay que evitar las siguientes posturas repetitivas:

● Cuando los hombros o brazos se mantienen excesivamente elevados acaban doliendo los músculos trapecios. Lo ideal es que vayan relajados.

● Correr con el tronco flexionado puede producir dorsalgias y lumbalgias. Es necesario intentar llevarlo recto.

● La posición de la pelvis y del tronco es de vital importancia porque debe adaptarse a los grados de inclinación del terreno. De ahí la enorme importancia de realizar periódicamente ejercicios de elasticidad que flexibilicen la zona de la pelvis para adaptarse a las diferentes inclinaciones del terreno sin producir lesiones.

● Si después de cada entrenamiento se olvidan los estiramientos o no se realizan correctamente, los músculos de las piernas se quedan ligeramente acortados. Esto incide directamente en la cadera, rotándola. Como consecuencia se incrementa la tensión a la que son sometidos los cuadriceps, los isquiotibiales, los aductores, los abductores, los bíceps femorales y otros músculos de esa misma zona.

● Las rodillas soportan el mayor número de lesiones articulares del corredor de fondo. La flexión limitada apenas se detectará en la fase de vuelo de la carrera, pero acorta la longitud de la zancada y desencadena problemas. Tanto el valgo como el varo de las rodillas pueden producir lesiones ligamentosas y articulares. Para evitarlo es necesario un buen desarrollo muscular que equilibre de forma adecuada la rodilla en la carrera. Este trabajo se debe hacer con pesas, o en su defecto con gomas.

● Cualquier anomalía que altere la posición de la tibia o el movimiento del tobillo puede dar lugar a diferentes tipos de lesiones en esa zona o a nivel de la rodilla. En estos casos es necesario el uso de plantillas correctoras para atletas que reequilibren el complejo pierna-tobillo-pie.